Cosas que escribí durante una semana para que la cabeza no estallara

eduardo-chillida

Quien tropieza
en el vacío
quien se agrieta
y dice: yo
echa hojas
florece.
Así luchamos.

Yannis Ritsos

Víspera

De repente, salgo de mi misma y la que queda ahí explica, tras la misma puerta cerrada, por qué soy incapaz de –

Luego, a solas, enumero tanta sábana usada, tanto cuerpo desierto.


Jueves 18 de junio

A las 9.38 he entrado en pánico durante 22 minutos.

He gritado,

se me ha paralizado la cabeza,

me han acariciado el pelo,

y yo he querido mandar todo a la mierda.

Con las manos sobre las piernas y la mirada contra la pared

he pensado: “todo”-“mierda”.

Hacia dónde he estado caminando últimamente

que no he llegado a ningún sitio.

Luego, he escrito un minipoema.

Luego, he mirado a la pantalla del ordenador

como si me introdujera en el vacío.

Mi estómago ha cobrado una vida desorbitada.

Y entonces, Skype ha empezado a parpadear.

Por primera vez he visto tres rostros,

y hemos hablado como si nos conociéramos.

He viajado sin moverme.

Al acabar, familia, /y tú/.

Más tarde, he decidido cerrar una herida

y lo he conseguido

creo-espero-quizá

Aunque cerrar, a destiempo, también hace que duela.

Naturalizar. Re-surgir. Auto-engaño.

A última hora de la noche, he contemplado la fiesta y me he sentido triste

por la inminente despedida.

He mezclado con alcohol todo,

y también el miedo, y su vértigo como sombra.


 Viernes 19 de junio

El despertador ha decidido no sonar. O yo he decidido no escuchar.

Podría comprobar los vuelos, el transporte.

Podría mirar una y otra vez fotografías de la nueva (quizá) ciudad.

Pero no lo hago.

Pájaro que no vuela sólo merece tierra mojada. Y una cruz, con su nombre.

Te suplicaría que vinieras conmigo, en caso de.

Si acaso, sí.

Te su-pli-ca-rí-a

Y la gente no lo entendería, y la gente me reprocharía.

Pero la gente no sabe. Pero tú, estómago mío, sigues aquí.

 [Promesa: si tengo que marcharme, llevaré una palabra en este idioma de aquí escrita en mi costilla]


 Fin de semana

Mezcla de emociones, de rostros, de cosas que nunca hago, de cosas que solía hacer, de gente a la que antes veía, de gente nueva, de gente que no necesitaría (y aún así…)

Vicios.

Soy un impostor.

Luego, me confieso en el hogar. Y ellos tienden la mano. Y aquí, ahora, digo gracias.

Los primeros acordes de una canción me llevan hasta la infancia, y las lágrimas me sacuden. Como una fuente.

Mi cuerpo, desnudo, dentro del agua salada.

Casi no tengo tiempo para escribir.

Casi no tengo tiempo para pensar.

Casi no tengo tiempo para ser feliz.

Y justo antes de dormir, antes de que llegue la nueva semana, la semana del día, miro el móvil y tú pregunta ilumina la pantalla, y me apaga a mí.


Lunes 22 Junio

Mi sangre son nervios.

Mi estómago son nervios.

Mis manos son nervios.

Mi cabeza, no está.

Mis piernas, son nervios.

Mi espalda son nervios.

Mis nervios, son nervios. Pero es que también son mucho más.

En el check-in digo: “Estoy perdida. Ni allá, ni aquí”

Claro. Qué sentido tiene decir que estás perdida y saber dónde estás.

Sólo estoy donde están mis nervios.

Nervios en mi sangre, en mi estómago, en mis manos, en mis piernas, en mi espalda.

Estoy en mi sangre, en mi estómago, en mis manos, en mis piernas, en mi espalda.

Luego, ceno un bocadillo con sobrasada-pringue y queso-plástico, y quiero vomitar.

En la madrugada, alguien re-aparece.


 Martes 23 de junio

Sólo quiero que llegue el día y saber qué será de mi vida

Qué será de mi vida

Qué será de mi vida

Como si el futuro ahora fuera una normativa

Qué será de mi vida

Qué vida

¿Mi vida?

Abuso del café como si fuera agua

Intento castigar a mi cuerpo que está creciendo de nuevo como un río desbordándose

Esta noche nuestra casa se poblará de rostros, y de almas, pero

sólo quiero que llegue el día

Porque estoy sentada en esta silla desde hace 6 horas

y relleno el tiempo haciendo nada

Intento vivir,

de verdad que me engaño diciéndome que intento vivir

Cómo me gustaría levantarme de golpe, reír a carcajadas, señalar a todo el mundo y decir “absurdo, qué absurdo es todo” y “Adiós, que me están esperando” y

[Pero es que nadie me espera

y sufro por ello desde hace unos días

como si me revolcara en barro]

coger las tijeras y cortarme un mechón de pelo y hacer una hoguera (porque hoy es la revetlla) para quemar el deseo que no voy a escribir en ningún papel

porque aún no sé si quiero que se cumpla,

si es posible poseer un deseo verdadero,

si acaso puedo ser capaz de tener anhelo de que algo en lo cual he pensado llegue a suceder.


Miércoles 24

Resaca de excesos


Jueves 25

Me he despertado como 7 veces esta madrugada.

Así que he soñado como 8 historias diferentes. Pero iguales. Porque todas giraban en torno a lo mismo, aunque cada cual más disparatada.

11.43: El teléfono no ha sonado aún.

Creo que quiero vomitar. No recuerdo la última vez que he estado tan nerviosa. Tan nerviosa. Que quiero llamar a mi madre y llorar. Que quiero que alguien me abrace tan fuerte que me haga sentir como una niña de 4 años.

¿Cuál es la hora adecuada para decirte que (quizá) tu vida va a cambiar?


Viernes 26

1.

El nombre

no lo es todo.

Podría llamarme Incendio, Trinchera, Colina.

Pero sin agua de bautizo

nadie creería que nací ciega.

Cómo explicarlo:

la luz me sabe a nostalgia.

Y en el fondo del pozo

tener un nombre

es como no tener ojos.

2.

Esta cuerda une tres venas dilatadas.

Tiras.

Tiras.

Haces un nudo.

La dejas en el suelo.

Colocas una amapola a su lado.

Miras el resultado.

-Sin apenas esfuerzo-

Te marchas.

3.

Gota a gota,

llega el vendaval.

Lo ves subir al tren.

Contemplas la estación hueca.

Tocas el hierro de la vía.

Quieres besar las piedras.

Quieres guardarte una en el bolsillo derecho.

Te sientas.

Notas el frío.

Quieres esperar a que la próxima máquina te machaque el cuerpo.

4.

Alguien a quien no conoces te sonríe por la calle. Le insultas, dentro de tu cabeza. Porque tiene unos dientes perfectos y tú eres una niña inútil, a la que todo le sale mal. Alguien por la calle a quien no conoces duerme ahora en el extremo izquierdo de tu habitación, mientras tú te tocas el vientre usado. Ojalá fueras un caballo.

5.

Mi padre no recuerda las palabras que definen a las cosas. Tu padre tiene un jilguero en una jaula, y cada día le da de comer. Mi madre sube los escalones de dos en dos y repite la lista de la compra. Tu madre deja la puerta abierta por si el pájaro acaso decide volar. Yo vivo en una casa gris. Tú comes basura a escondidas.

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