Saltas

Saltas. Por qué.

Intento explicar eso que ni yo misma entiendo.

Carezco

de lógica inversa

de empatía interna

de causa ajena

Mi madre me regala un silencio.

/Gracias/

Repite mi nombre en bucle.

Y el teléfono se vuelve serpiente.

Suspira, sólo quiere normalidad.

No otra hija.

/Gracias/

Pero [intento decir],

quién establece el código [pienso],

qué es ser código [quiero gritar(le)]

Saltas. De nuevo. Por qué.

Justo ocho segundos después

[imagino-que] el plástico blanco del auricular

choca contra la pared.

Sí.

Es eso.

Romperse es un aliento [sonrío]

y el suelo se tambalea colmado de pedazos

que no logra controlar.

Me pongo la máscara.

Trago,

sin recordar qué era la sed.

Trago un poco más.

Noto como se despierta mi garganta.

Trago,           y trago,             y trago

mientras mis piernas se deslizan hacia el lavabo

y, allí,

acumulo entre mis uñas 28 gotas de agua.

Una por cada vela.

Una por cada hueso.

Saltas, sí,

pero es que tú querías volar.

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