Cuervo

Ojos. Miro al cuervo. Siempre quise ser pájaro. Pero miro a este cuervo, y no vuela. No tiene alas. Ni siquiera es cuervo negro. Ni siquiera sabe cómo ser oscuridad.

Ojos. Miro al cuervo, y en él reconozco a mi reflejo, y entonces la pared me reconoce a mí, otra vez, desnuda y blanca y quieta.

Manos. El cuervo mira hacia mi cuerpo, para tocarlo. Desearía traspasarlo. Siempre quiso ser humano. Pero mi cuerpo no late a la reacción. No tiene nombre, no tiene lenguaje. No produce sombra cuando se coloca frente a una ventana. No sabe cómo ser belleza.

Manos. El cuervo toca la tierra que mis pies presionan. Ocupa mis huellas. Ahora, todo se ha reducido a saber caminar…

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