A veces, no es poesía (II)

…Cuando tenía 8 años hice la Comunión. Aún jugaba con muñecas, las vestía y las desnudaba una vez tras otra. Mis muñecas no hablaban entre ellas. Se miraban en silencio. Yo las miraba en silencio. Y a través del pesado silencio, veía caer las lágrimas de Pe. Pe sufría. Tenía miedo de todo lo que aún no conocía. Tenía miedo de la muerte, que había leído en los libros. Tenía miedo de la soledad, aunque vivía en una casa pequeña y extremadamente poblada. Tenía miedo del espejo por si no lograba reconocerse en él. A mis muñecas se les caía el pelo cuando las peinaba con fuerza.  Eso me hacía reír. Pero  el cuerpo de cristo deslizándose por mi garganta no conseguía traer el milagro. Y Pe, sentado en el sofá, se frotaba las manos sobre las perneras desgastadas del pantalón de pana que tanto odiaba, mientras escuchaba por la radio algún programa absurdo de canciones de los 70. El abuelo no encontraba sus pastillas naranjas y abría todos los cajones, rebuscando, y los dejaba abiertos, y corría a la cocina, y bebía agua, y se recolocaba el cinturón, y murmuraba un insulto, y caía derrotado sobre la silla… The kids are losing their minds the blitzkrieg bop…  porque había olvidado qué hacía recorriendo una casa que no era la suya. Entonces, miraba las nubes en el cielo, durante 14 largos minutos… Hey ho, let’s go shoot’em in the back now what they want…

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