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Diario de a bordo. Abro los ojos. Este sitio. Del armario a la maleta, sin filtro. Como los pantalones que ya no me caben, o las sábanas que no podré usar, o la última camiseta que me regalaron y ahora, no sé…  Cajas, de recuerdos. Como el cuaderno naranja de los primeros meses, las postales que llegaron aunque yo nunca recordaba la letra de la puerta, los libros que crecían por todo el suelo… Lo demás, deshechos y demasiado plástico. Mentiría si dijera que ya he tomado total consciencia. Conciencia. Mentiría si dijera que el vértigo es diminuto y lo aplasto como a una mosca. Pero también mentiría si no gritara ganas con mis manos abiertas de abrazar, y media sonrisa colonizándome el rostro. Pero como ya no miento, todo parece que podría empezar quizá con probabilidad medianamente factible (redundancias, y tal…) a tener una orientación opuesta al n-negativo…

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