“Todos vamos a morir”,

y así se justifica.

Sale del camino trazado, dejándolo atrás como humo vano. Vacila las pisadas, vacía el recorrido. Dudas. Desapego.

Muere de incertidumbre, y a nadie le extraña. Es lo que ha construido.

La vía de escape no es la ventana, es la cerradura. Promesas como lluvia. Belleza en lo sutil pero frágil huida desde lo más ordinario.

Muere demasiado deprisa, para ser un pájaro de barro. Y a nadie le preocupa. Es lo que ha soñado.

La naturaleza de las cosas se destapa ante unos ojos atípicos. Interrogante ácido. Un, dos, tres… Tres, dos, uno… Click… Matices, todos somos matices del mismo cuadro. La noche está llegando.

Muere bajo sentencia, sin que nadie le haya condenado. Es lo que ha despreciado.

Tanta sal en esta herida, y tan poca hambre en sus entrañas. La justicia distribuye venganza a las manos alzadas que la reclaman. Y así se ajustan cordura y mundo; vicio y virtud; afecto y fracaso.

Muere de frente, de pie, desnudo, despierto. Nadie le llora. Es lo que no ha contemplado.

“Todos vamos a morir”

y así, sin saberlo, se va apagando.

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