Cincuenta y tres primaveras

Pienso. Pienso. Pienso. Pienso. Me pierdo. Pienso. Pienso. Es como si tuviera 53 primaveras y dos otoños. Nada lejos, si la oscuridad se encierra en vasos de cristal y yo no logro ver su fondo. Nada pesa, pero mis huesos ahora son blandos y no pueden andar de mi cuerpo hacia la sombra, hacia fuera, hacia el rincón. El tiempo ya no es eso que sucede en los relojes, así que me dedico a escribir las horas en servilletas usadas, porque he comido de más (soy cinco kilos de más), he bebido de más (soy diecinueve resacas de más), hasta he amado un poco, y necesito recordar qué es la vida no detenida. Espero que tu ciudad sea bonita, junto al río de la poesía; tengo tres abrazos para darte. No permitas que la noche se rompa, ni hoy, ni dentro de 53 primaveras y dos otoños.

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