Si miro dentro

Este dolor es puro,
este llanto inútil,
esta espera es cruel.
Aprendiendo a vivir,
inquilino y huésped.
En mi cama, en mi casa y en mi cuerpo.

Carlos Zanón

 

Si miro dentro, y no veo nada,

soy incapaz de escribir

los versos que alimentaban mi estómago

y enfurecían mi fiebre cardíaca.

 

Si miro dentro, y todo es oscuro,

recuerdo vagamente por qué nací

y la hora de mi sepultura pétrea.

Recuerdo mis manos, ahorcando espacios mudos.

Recuerdo mis ojos, cautivando al viento nómada.

Y persigo, por un instante doliente,

la sombra que es derrotada ante el sol que se desvanece.

 

Si miro dentro, y no me reconozco,

vomito llamaradas de socorro, y las dejo marchar.

Las agujas del reloj marcan la huida sin fin.

Me alejo del infierno

que es la hora del día en que el ajetreo se detiene

y me asaltan buitres y arañas,

que me muerden las uñas,

y  me arrancan la piel.

 

Si miro dentro, y el hoy es un ayer atrapado,

[desquiciado]

[desarmado]

finge el silencio no conocer mi nombre

para amordazar mi última palabra no jamás pronunciada,

frenética de abrazos que quebraron al ver amanecer

y al comprender lo fugaz de la existencia

lo banal de la experiencia

la luz rota entre la tiniebla.

Cruje, entonces, la hoja del árbol desnudo caída

y el sigilo penetra en mis huesos.

 

Si miro dentro, una vez más, sólo pienso

¿qué sentido tendrá ahora mirar hacia fuera?

 

 

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