Cambios

…El mar, la mar.

El mar, la mar…

 

Hay tres manos acurrucadas en la esquina,

mirándome con desprecio.

Señalan mi espalda no tatuada.

Debería llevar escrita la frase que ya no me repito,

porque la tengo incrustada en el estómago.

El reloj de arena parpadea,

los pies descalzos huelen a tierra húmeda,

canta el gallo desde la azotea.

Y se acaba el ciclo.

Y el ciclo se acaba.

Justo cuando el errante llega al abismo,

y se atraganta con la duda.

 

Desde la distancia,

se contempla el huerto

donde las criaturas corren a saltos.

No hay distancia desde esta ventana cerrada.

Yo, no veo el huerto.

Yo, no oigo a la chiquillada.

He muerto,

por segunda vez.

Yo también quiero correr,

pero entre la alameda,

donde sé que padre me espera.

Pero tenga las piernas clavadas a este suelo yermo,

mis manos son de paja

mi boca es puro veneno.

 

 

¡Vuelve verano en flor!

Hazme renacer de entre los muertos.

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