La nada

La nada no sabe

lo lleno de mis pulmones.

Vive de la ignorancia, la sangra.

Muere a pasos lentos, muere

de hoy para mañana,

sin encontrar el nombre de las cosas que a mí me solían gustar.

Ahora, ya no, ya

no me gustan.

Detesto las cotidianidades.

Nos sentimos henchidos.

Pero es porque nos duele el pecho.

Y la luna calla, nos mira los rostros, y

calla.

Silencio es esta habitación perpetua,

en la que vive mi cama

sin mi cuerpo,

que está roto por dentro,

y también por fuera, aunque no lo parece.

[…porque goza del disimulo]

Pero es una masacre de sinsentidos rutinarios.

La nada no sabrá nunca,

aunque se lo proponga,

el tiempo que transcurre dentro de cada hora apagada.

Sesos.

Entrañas.

Lagartos.

Todos mudando su piel.

Dándole la espalda a lo vírico.

A lo histérico.

A lo caótico.

La nada no sabe,

y a mí eso me encanta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s