Ironías

 

Ironías…

Ahora que lo pienso, la persiana de mi habitación lleva ya un año rota.

Un puto año.

Un año sin poder asomarme por esa ventana a esa calle. Esa calle que tanto vio. Y que tanto calla.

En los últimos doce meses la ventana se ha convertido en una pared. Pasó de “Muro de las Lamentaciones” a “Muro de Berlín”.

Afortunadamente, mi habitación tiene dos ventanas. La otra, que se asoma a una calle diferente, siempre está abierta. También me recuerda cosas,  pero deja pasar el aire, la luz.

He sentido a través de esa ventana las dos vidas que me fueron robadas.

No me importa que la persiana siga rota.

Un año no significa nada, si se contempla a través de la perspectiva.

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