Nadie

Ahora sólo deseo ser un trozo de carne mutada

que me despellejen hasta las encías

que me rompan a bocados las espesuras de mis labios

que desaparezca mi nombre junto con mi sombra junto con mi historia…

Maldecir es poco.

Recordar, injusto.

Me he quedado sin sinsabores que paladear de poco gusto.

Y entonces recibo una carta que no quiero leer

porque me la envía Nadie y a él ya lo tenía más que olvidado.

Gime el estruendo

y se levanta un silencio, así, como absorbente, vaporoso.

Miro hacia la izquierda, hacia la derecha, hacia la izquierda otra vez

y luego cierro los ojos para no distinguir el frente

que es un horizonte demasiado cercano para mí y este momento sin ti.

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