La pared

El agujero en la pared

era una herradura hacia el pasado,

una espiral desmemoriada,

un elefante entre hormigas,

un himno con sabor a viejo.

Pero les permitía comunicarse.

A aquella pareja de enamorados,

que tras conocerse se olvidaron

de sus nombres y sus sombras.

Les costaba hasta respirar

si no miraban por ese espacio

que habían abierto en el muro

y al que se asomaban negras sus intenciones.

Él era inmune,

ella escupía fuego.

Él era soldado,

ella sólo una refugiada.

Campamentos,

trincheras,

cadáveres,

demonios.

La pared lo paraba todo.

Menos el sentimiento.

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