Recuérdame

Háblame, amigo mío,

de la muerte que sentiste en el costado izquierdo,

de la soledad de un cuerpo roto entre dos camisas,

del silencio respirando inviernos no olvidados,

de la fiebre entre los dedos,

del suspiro entre las arrugas,

y del huracán que se coló por tu ventana,

deshaciendo tu vida y tu cama.

Cuéntame más,

invéntate las palabras correctas,

para que tu historia no sea un poeta ni el final su verdugo.

Y hazme recordar dónde quedaron las razones,

dónde la lucha sin camino,

la batalla con intenciones,

el resurgir de nuestras ideas,

la espera a media voz

y la huida de los balcones.

Solíamos ser valientes en tierra de nadie,

cuerpos firmes,

miradas radiantes.

Pero,

¿qué fue del cielo entre las calles?

¿qué te contó la luna aquella noche?

Que no volviste a ser el mismo

ni a cantar tus canciones.

Y así entraste en un túnel,

te arrojaste a un infierno,

te perdiste entre barrizales.

Dime, compañero,

qué último sueño tuviste

al pasar por el puente sin río

y descubrir la profundidad del valle.

Buscaste consuelo en la sombra del árbol caído,

o eso recordarían los pájaros

que te vieron marchar de espaldas,

y desdibujarte contra la vereda y el pantano.

Hubo un grito,

y un disparo.

Quizá no en ese orden,

pero ya nunca lo sabremos.

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