3,48 de la madrugada

Perdona que me meta

donde creo que sí me llaman

pero es que quería hablarte

de lo de la otra noche

antes de que salgas corriendo,

una vez más,

y mis intentos de palabra

se estallen contra el vacío

que dejas en la habitación.

Porque haces como si nada

pero tengo que decirte

que para mí fue un todo.

Y tienes que saberlo

por mucho que se moleste tu tímpano

y te muerdas el labio

y levantes la ceja.

En ese preciso instante

a las 3,48 de la madrugada

del martes camino del miércoles

hubo un antes, herido,

y un después, en mayúsculas.

Y se abrió un abismo,

y se rompieron mis esquemas.

Que no tiene por qué cambiar nada,

si tú no lo quieres,

podríamos seguir andando a círculos

con esta estúpida venda en los ojos.

Pero yo es que lo deseo,

lo siento,

llámame de piel débil,

aunque yo me considere de corazón exigente

y tú hayas pasado todos los filtros

y yo me haya quedado sin excusas sutiles.

Todo intento resulta ser en vano.

Y aún tengo tu sabor en mi piel,

 tu olor en mis manos,

y tus ojos abrazándome los besos

que siempre guardé para ti.

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2 comentarios en “3,48 de la madrugada

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