No sé en qué momento

No sé en qué momento
tus manos se volvieron circulares
y la lectura que entendí en tus ojos
fue tan versátil que me rompió el pulmón izquierdo
de no poder respirar ya más.

No sé en qué momento gritamos un futuro
que se nos resbaló entre los labios
para estamparse contra el suelo
de la habitación que ya no es nuestra, ni de nadie.

No sé en qué momento
me subió la sangre a la cabeza
y te propuse matrimonio
o una locura de esas del estilo
mientras tú ya caminabas hacia otro tren
o quizá sólo estabas parado (detenido) en una estación cualquiera
sin ganas de nada
sin prisas de mí.

No sé en qué momento
la vida se volvió imbécil,
me abofeteó la cara
y me insultó a bocanadas
para recordarme que este martes y trece
la suerte no estaría de mi lado
y sería un desperdicio pensar en hacer contigo
lo que sin ti ya era coherente.

No sé en qué momento,
de verdad, que no lo sé,
llegó la luz
y vi la perspectiva inversa
de una ecuación frustrada
con un resultado irónicamente previsible.

Así que cerré los ojos,
justo en ese preciso momento.

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