Callas las calles

Fiebres altas a las cuatro de la madrugada, ríes a carcajadas, y me recuerdas el juego de ser como dios. Ahora espero la señal para despotricar contra la injusticia, y descomponerme el vestido que me aprieta vértebra a vértebra. Noche de tregua en los andamios, de vino y compás, de recio espesor diluido entre los árboles que suben por Aribau. Callas las calles, sólo con tu mirar. Te sigo sin pensar, como siempre, hacia la perdición de los portales, donde nos olvidamos los principios y nos volvemos salvajes criaturas. Todo un paraíso en mitad de la ciudad, si estás tú. Respiro y sólo huelo a contaminación de almas olvidadas, sin explicación. Sutil belleza tu sombra contra la pared, claroscura, acechante, casi hiriente. Nos bombardea el silencio mientras atravesamos el callejón donde vidas atrás ya hervimos en locura y pasión. Ahora me sobra la copa de más en el último bar que cerramos, y mis pies sólo responden a arrastrase esquivando botellas, ratas y cigarros. Y así llegamos a tu casa, y cerramos el telón hasta nuevo aviso.

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