Si tuviera que decirte adiós

Yo que creí que la luz era mía

precipitado en la sombra me veo

Miguel Hernández

Quizá sobran los motivos, pero nos faltan las ganas y nos puede el pánico. Siempre fingiendo que establecemos lo que es más conveniente, pero sin nunca detenerme a cumplirlo. No tengo intención, y no trates de culparme por ello. Te lo he dicho hasta la saciedad, te lo han dicho mis lágrimas rasgándome las manos, mis ojos clavados en tus pupilas, mi titubeo, mi último abrazo (que, en realidad, sólo escondía un hasta la próxima, sigo esperándote) Te lo he dicho a la cara, y por teléfono, y con mis versos, y tras mis silencios forzados.

Porque, si tuviera que decirte adiós, de verdad, ¿qué haría entonces con todas nuestras fotografías? Una por cada recuerdo guardado en la caja, por cada sonrisa comiéndonos la cara, por cada escalofrío erizándonos la madrugada, por cada canción de mis pies bailando sobre los tuyos, por cada palabra cargada de sentido, y de futuro.

No me obligues a decir lo que no quiero.

Lo que no puedo.

Lo que me mataría, por dentro, en un instante.

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