Aquel invierno

Aquel invierno

Eran días de desaparecer.
De secuestrar a un desconocido al que robarle la identidad para hacerla suya. Días de vino y de leer poesía a borbotones. Se sabía perdido entre inmensidades alarmantes.
Eran noches de fiebre y de insomnio.
De arañar las sombras desdibujadas contra la pared donde antes solía haber fotografías. Noches estrechas para el amor, sin lugar para las dudas, sin tiempo para aullar.
Fue un invierno largo.
Le dejó una cicatriz en la mejilla, y un ácido sabor en los labios. Llovió cada instante en que sus pies arrancaron asfalto de las calles pobladas de quietud, mientras su paraguas se acurrucaba perdido en un oscuro cajón de casa, junto a sus ganas de todo y de nada.

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