La espera

Huye furtiva
la espera
de la quietud
en mi camisa arrugada.
Quiere agitar,
con furia inocente,
el infame invierno
que surca tu espalda.
Golpea sus nudillos
contra el colchón vacío
de besos.
Quema las cartas,
agrieta los hasta-luego.
Bebe de su venganza,
brinda con descaro.
Y es que la espera se ha cansado
de no ser ya.
Y por eso huye,
de ti,
de mí,
del nunca más
nosotros.

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